El flete de un contenedor de Asia a Manzanillo ya subió 40% en mayo. Muchos lo ven como un dato logístico. En realidad es la consecuencia visible de tres frentes geopolíticos que se mueven simultáneamente — y que van a seguir determinando los costos de operación de las empresas mexicanas durante todo el segundo semestre de 2026.
Lo que pasa en el Estrecho de Ormuz, en Bogotá y en la mesa de negociación entre Washington y Pekín no ocurre lejos de tu empresa. Ocurre en tu estado de resultados, en tu cadena de suministro y en el costo de tu deuda. Entender el mapa completo es hoy una ventaja competitiva real.
Frente 1 — Ormuz: el cuello de botella que mueve tus costos de importación
El Estrecho de Ormuz es el paso por el que transita aproximadamente el 20% del petróleo mundial. Cuando ese paso se cierra o se estrecha, el efecto no tarda en llegar a los precios del crudo, el gas natural y — de forma directa — los fletes marítimos globales.
La buena noticia del 1 de junio es que la probabilidad de un acuerdo entre Estados Unidos e Irán subió de 55% a 65%, impulsada por tres factores concretos: la oposición de los países del Golfo a una reanudación de hostilidades, la permanencia del negociador iraní en Doha, y un ajuste en la postura de Trump respecto al manejo del uranio altamente enriquecido.
La mala noticia — y la más relevante para los empresarios — es que un acuerdo diplomático no equivale a una recuperación inmediata de los flujos comerciales. El escenario más probable es un arreglo de 30 a 60 días que se asemejaría más a una extensión formal del cese al fuego que a una solución integral. Los flujos por el Estrecho podrían regresar a un rango de entre 30% y 50% de los niveles previos — en semanas, no en días — y eso solo si navieras, aseguradoras y compradores de crudo reciben garantías creíbles de ambas partes.
Hay un factor adicional que reduce la presión inmediata: las restricciones estadounidenses a las exportaciones de productos refinados — que habrían golpeado directamente a América Latina — ahora lucen improbables antes del final del verano, gracias al avance diplomático. Para México, que depende de combustibles refinados importados, eso es un alivio real aunque parcial.
Frente 2 — Colombia: las elecciones del 21 de junio y el flujo de capital en América Latina
El 21 de junio Colombia decide entre dos proyectos de país radicalmente opuestos. El candidato de derecha Abelardo de la Espriella llega a la segunda vuelta con aproximadamente 44% de intención de voto frente a 41% de Iván Cepeda, con una probabilidad de victoria estimada en torno al 60%, respaldada por el impulso de las últimas semanas y el apoyo del expresidente Álvaro Uribe.
¿Por qué le importa esto a un empresario mexicano? Porque Colombia es la tercera economía de América Latina y su estabilidad política afecta directamente la percepción de riesgo regional. Una victoria de la derecha reduciría ciertos riesgos asociados a la política económica colombiana — lo que típicamente favorece flujos de Inversión Extranjera Directa hacia la región — aunque la polarización seguiría elevada independientemente del resultado.
Para empresas mexicanas con operaciones, proveedores o clientes en Colombia o que compiten por capital institucional latinoamericano, el resultado del 21 de junio es una variable a monitorear de cerca.
Frente 3 — EU y China: fricción permanente que erosiona márgenes
El tercer frente es quizás el más estructural de los tres. La relación entre Estados Unidos y China no va hacia una ruptura abrupta, pero tampoco hacia una distensión real. El escenario que describe Eurasia Group es de competencia administrada: aranceles calibrados que seguirán subiendo — probablemente hacia los niveles asociados a facultades de emergencia económica — combinados con controles tecnológicos y restricciones comerciales que se mantienen, aunque sin buscar una espiral desordenada.
Para las empresas mexicanas esto tiene dos lecturas simultáneas:
- La oportunidad del nearshoring sigue vigente. Mientras EU mantenga presión comercial sobre China, México permanece como destino estratégico de relocalización industrial. Eso es estructuralmente positivo para la manufactura y el sector inmobiliario industrial.
- El costo de la proveeduría asiática no bajará. Si tu empresa importa insumos, componentes o productos terminados desde China, los aranceles y las fricciones logísticas seguirán presionando tus márgenes. El riesgo no es un impacto único como una ruptura total — es una erosión gradual y sostenida de la eficiencia y la rentabilidad.
Lo que puede hacer tu empresa hoy
- Revisa tu exposición a fletes y proveeduría importada. Si importas insumos o productos, calcula cuánto representa el sobrecosto del 40% en fletes sobre tu margen neto. Si no lo has trasladado al precio, lo estás absorbiendo tú.
- Diversifica proveedores geográficamente. La concentración de proveeduría en Asia es hoy un riesgo estructural. Explorar proveedores en México, Centroamérica o países con acceso preferencial al T-MEC reduce tu exposición a los tres frentes simultáneamente.
- Anticipa el costo energético. Aunque el riesgo de restricciones a productos refinados baja en el corto plazo, los precios del combustible seguirán elevados mientras Ormuz no opere con normalidad. Si tu operación es intensiva en transporte o energía, ese costo debe estar en tu presupuesto del Q3.
- Convierte la incertidumbre en oportunidad si eres exportador. Para empresas dentro de cadenas de suministro de exportación hacia EU, este entorno geopolítico refuerza el argumento del nearshoring. Es el momento de consolidar contratos largos y atraer inversión que busca salir de Asia.
- Mantén liquidez operativa sobre cualquier otra métrica. En un entorno de tres frentes abiertos y costos imprevisibles, la caja es el activo más valioso. Opera con margen de maniobra, no al límite.
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